Intentando hacer poesía en secundaria
“Quisiera”
Quisiera ser una flor;
En el jardín y que tu me admiraras
Quisiera ser estrella;
En el universo de tus pensamientos
Quisiera ser naufrago;
En la isla de tus deseos
Si tan solo pudieras;
Sentir que te quiero
Percibir la agonía;
De mis deseos
Que te piden: ¡quédate con migo¡
quisiera tenerte y poder amarte
Pero a la vez olvidarte y así por fin arrancarte
De mis sentidos.
Quisiera pero no se puede.
(Diciembre del año 2000)
No soy…
No soy la flor hermosa;
Que crece junto al huerto de las rosas
No soy el oasis en medio de un desierto,
Que llena de ilusiones la visión de un viajero
No soy la bella amada;
Que al amanecer llena de amor su hogar
No soy la primavera recién llegada,
Que cubre de matices encendidos
Los tonos más tristes
No soy y nunca seré lo que quiero ser…
(Verano del año 2001)
Cuanto tiempo he esperado
Y un recuerdo se me asomo;
Y allí tu imagen
Que me hiere;
Como una hoja filosa, delgada
Que atraviesa toda mi alma aun herida,
(Julio del 2001)
sábado, 10 de enero de 2009
lunes, 5 de enero de 2009
“La ultima carta, en realidad la única”
Estas son las últimas palabras que me quedan y que te escribo, que siempre estuvieron en mis pensamientos. Anoche soñé con esa imagen nuestra cuando aun ignorábamos encontrarnos en la universidad. Tenías un pantalón de jeans medio raído, un polo gris en apariencia de usarse todos los días, unos zapatos grandes y oscuros y una bicicleta, no recuerdo la marca, que era tu transporte ligero de todos los días. Esa figura tuya es la respuesta a la pregunta que me atina en la cabeza de ¿cómo te conocí? Y solo veo eso, la imagen de un desconocido. En una escuela preparatoria para la Unsa.
Pero que más da, la universidad no es la gran cosa. Excepto por que ahí te conocí y descubrí de ti muchas cosas, Gracias a ti aprobé cálculo en una variable y es el primer recuerdo bonito que me perseguirá siempre. Dicen que la memoria es como la lucha intensa de cruzar el rió después de la celda cavernosa, todos intentan escapar pero no pueden hacerlo. Era la primera vez que alguien, que no es de mi familia, hizo algo por mi”, nunca te lo dije, pero a partir de ese momento confié mucho en ti. Sin saber que años después matarías toda esa admiración. Digo admiración porque no encuentro otra palabra, el diccionario no me suelta sinónimos de confianza.
Nunca te tuve en un altar, es verdad, pero eras algo así como un amigo grande, de los que te defienden cuando te quieren lastimar. De los que, convierten una tarde aburrida en la biblioteca, luego que casi todos los estudiantes de la universidad se han ido, en una conversación agradable, pasando de temas sonsos como el clima a los actuales y no se como se hace una sensación de alivio de haberte encontrado en ese espacio triste sin alumnos, sentados en el concreto circular afuera de la biblioteca.
Sentir esa sensación de familiaridad era raro pero gratificante. Creo que por ti hice varias cosas en esas épocas rutinarias entre el estudio y la diversión. Algunas decisiones las lamente. Como dejar a mis amigas. Por estupidas formas de ver las particularidades de las mujeres, que tienen los hombres, para quienes o es blanco o es negro, son incapaces de diferenciar complejidades. Creo que por genética.
Sentí mucho que tú fueras uno de esos chicos prejuiciosos que nos condenaron a la hoguera por nuestra afinidad a lo desconocido. Al pie de ese árbol, en esas intensas charlas de mujeres deje las razones de mis cuestionamientos sobre la vida y mis intentos fallidos de eliminarla, solo ahí están las respuestas a las preguntas que me hacías por mi personalidad casi autista.
Pero aun así no deje de hablar con tigo, creo que hacerlo era un pasatiempo que me gustaba hacer sola, sin los amigos, cualquier tema era motivo de charlas que solo la oscuridad podía dar por terminado. Me gustaba ver tus ojos claros, cafés transparentes como los de un leopardo, creo que era tu más resaltante atractivo, tu cabello castaño que al estar mojado parecia algodon suave. Que no combinaba mucho con tu tan frecuente chompa negra grande, esos pantalones jeans que te quedaban holgados, tus zapatillas oscuras y tu sonrisa de niño travieso, como la de la película “adorable criatura”.
Pero olvida las frases bonitas como esas que dicen: “eres una persona muy especial para mi a pesar de todo”. Ya no más. No es cierto. Eras súper especial hasta que me decepcionaste. Me traicionaste ocultando una relación lejana a mas 178 kilómetros de la ciudad, en la tierra del vino y del pisco.
No quiero recordarte nada, en realidad se mucho mas de lo que pudiste haber sospechado pero el tiempo ya paso y no hay sentido en volverlo atrás.
Esta noche será año nuevo en mi percepción de la época y todo se quema, se escoge lo que ya no se usa o lo que no tiene sentido guardarlo y luego se hecha a la hoguera como yo lo haré.
Guardare tus restos dentro de la caja de zapatos, marca bata, y allí reposaran junto a una vieja foto tuya, donde le sonreías feliz a un niño; la rosa que nunca me regalaste y una hoja en blanco de la carta que nunca me escribiste. Hasta que llegue su turno de fundirse en la hoguera. Entonces habré terminado de esperar una palabra o un acercamiento tuyo que hasta el día de hoy me tuvo en vilo.
Sonia
Estas son las últimas palabras que me quedan y que te escribo, que siempre estuvieron en mis pensamientos. Anoche soñé con esa imagen nuestra cuando aun ignorábamos encontrarnos en la universidad. Tenías un pantalón de jeans medio raído, un polo gris en apariencia de usarse todos los días, unos zapatos grandes y oscuros y una bicicleta, no recuerdo la marca, que era tu transporte ligero de todos los días. Esa figura tuya es la respuesta a la pregunta que me atina en la cabeza de ¿cómo te conocí? Y solo veo eso, la imagen de un desconocido. En una escuela preparatoria para la Unsa.
Pero que más da, la universidad no es la gran cosa. Excepto por que ahí te conocí y descubrí de ti muchas cosas, Gracias a ti aprobé cálculo en una variable y es el primer recuerdo bonito que me perseguirá siempre. Dicen que la memoria es como la lucha intensa de cruzar el rió después de la celda cavernosa, todos intentan escapar pero no pueden hacerlo. Era la primera vez que alguien, que no es de mi familia, hizo algo por mi”, nunca te lo dije, pero a partir de ese momento confié mucho en ti. Sin saber que años después matarías toda esa admiración. Digo admiración porque no encuentro otra palabra, el diccionario no me suelta sinónimos de confianza.
Nunca te tuve en un altar, es verdad, pero eras algo así como un amigo grande, de los que te defienden cuando te quieren lastimar. De los que, convierten una tarde aburrida en la biblioteca, luego que casi todos los estudiantes de la universidad se han ido, en una conversación agradable, pasando de temas sonsos como el clima a los actuales y no se como se hace una sensación de alivio de haberte encontrado en ese espacio triste sin alumnos, sentados en el concreto circular afuera de la biblioteca.
Sentir esa sensación de familiaridad era raro pero gratificante. Creo que por ti hice varias cosas en esas épocas rutinarias entre el estudio y la diversión. Algunas decisiones las lamente. Como dejar a mis amigas. Por estupidas formas de ver las particularidades de las mujeres, que tienen los hombres, para quienes o es blanco o es negro, son incapaces de diferenciar complejidades. Creo que por genética.
Sentí mucho que tú fueras uno de esos chicos prejuiciosos que nos condenaron a la hoguera por nuestra afinidad a lo desconocido. Al pie de ese árbol, en esas intensas charlas de mujeres deje las razones de mis cuestionamientos sobre la vida y mis intentos fallidos de eliminarla, solo ahí están las respuestas a las preguntas que me hacías por mi personalidad casi autista.
Pero aun así no deje de hablar con tigo, creo que hacerlo era un pasatiempo que me gustaba hacer sola, sin los amigos, cualquier tema era motivo de charlas que solo la oscuridad podía dar por terminado. Me gustaba ver tus ojos claros, cafés transparentes como los de un leopardo, creo que era tu más resaltante atractivo, tu cabello castaño que al estar mojado parecia algodon suave. Que no combinaba mucho con tu tan frecuente chompa negra grande, esos pantalones jeans que te quedaban holgados, tus zapatillas oscuras y tu sonrisa de niño travieso, como la de la película “adorable criatura”.
Pero olvida las frases bonitas como esas que dicen: “eres una persona muy especial para mi a pesar de todo”. Ya no más. No es cierto. Eras súper especial hasta que me decepcionaste. Me traicionaste ocultando una relación lejana a mas 178 kilómetros de la ciudad, en la tierra del vino y del pisco.
No quiero recordarte nada, en realidad se mucho mas de lo que pudiste haber sospechado pero el tiempo ya paso y no hay sentido en volverlo atrás.
Esta noche será año nuevo en mi percepción de la época y todo se quema, se escoge lo que ya no se usa o lo que no tiene sentido guardarlo y luego se hecha a la hoguera como yo lo haré.
Guardare tus restos dentro de la caja de zapatos, marca bata, y allí reposaran junto a una vieja foto tuya, donde le sonreías feliz a un niño; la rosa que nunca me regalaste y una hoja en blanco de la carta que nunca me escribiste. Hasta que llegue su turno de fundirse en la hoguera. Entonces habré terminado de esperar una palabra o un acercamiento tuyo que hasta el día de hoy me tuvo en vilo.
Sonia
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